miércoles, 27 de agosto de 2014

Objetos con formas caprichosas

Esta vez, hay fotos, pero no necesariamente del invierno. Acá van algunas fotos con formas caprichosas de elementos bastante comunes en nuestra vida diaria.

Estas rosquitas de yuca son bocaditos típicos de la selva de nuestro Perú, aunque ahora se pueden encontrar en muchos mercados en otras ciudades del país. Normalmente tienen forma de aritos, pero en este caso se pegaron dos, probablemente al momento de su preparación. Así que acá la tienen, en forma de anteojos o de eslabones de cadena. Cualquiera de las opciones es buena. Particularmente, prefiero ver el infinito en dos rosquitas de yuca.
Acá hay una papa agujereada...
... y otra...
... y una tercera.

Curiosas y caprichosas formas que a veces rompen la rutina de las cosas más habituales.

martes, 12 de agosto de 2014

Brecha generacional

Cuando se tienen niños cerca, es habitual que nos acostumbremos a los programas y personajes que les gustan, a veces hasta sin quererlo. Así, nombres que normalmente no hubiéramos escuchado, se hacen conocidos a nuestros oídos casi como si fueran personas de carne y hueso.

Uno de esos nombres es el de Jorge el curioso, que vive en un mundo lleno de personajes bondadosos que viven en armonía y se ayudan mutuamente, y hacen cosas que a los ojos de los niños pequeños podrían parecer fascinantes aunque no lo son. En realidad, Jorge hace cosas que exasperarían a cualquier ser humano normal y sacarían de quicio a una persona poco paciente. Tal vez, hasta a una persona muy paciente.

Cuento toda esta introducción para relatar un pequeño episodio del que fui testigo involuntario hace algún tiempo.

Me fui a hacer una compra en un autoservicio cercano a mi casa, y con las cosas que había escogido me acerqué a la caja para pagar. Luego de hacer un rápido examen de las colas que había en cada una, escogí la que me pareció mejor y me puse al final de la fila.

En ese momento, estaban atendiendo a un señor que iba acompañado de un niño de unos cuatro año. Después venía una señora bastante mayor que estaba sola y luego seguía yo. El niño miraba a la señora con tanta curiosidad que a ella no le quedó más remedio que hacerle conversación:
- Hola -le dijo en tomo muy amigable.
- Hola -contestó el niño, sin el menor atisbo de vergüenza ni pedirle ayuda a su papá.
- ¿Cómo te llamas?
- Jorge, como Jorge el curioso.
- Ah, hola Jorge. Qué gusto que seas estudioso, te felicito.

La señora sonrió, feliz de haber encontrado a un niño tan pequeño y responsable a la vez. De otro lado, la cara del niño fue del mayor desconcierto del mundo.

A eso le llamo yo brecha generacional.

Presento la sexta foto semanal, con un perrito plácido y sereno entre el ruido y la prisa de una mañana invernal limeña.

martes, 5 de agosto de 2014

Botando papeles

Una muy postergada decisión me tuvo hace pocos días botando toneladas de papeles, reencontrándome con imágenes del pasado, descubriendo detalles que creí que no volvería a ver jamás y recorriendo después de muchos episodios buenos y de los otros.

Todo empezó hace algunos meses, cuando pensé cómo se vería mi cuarto sin un gran escritorio con librero en una sola pieza que me acompaña desde la otra casa. Sacando la cuenta, el librero tenía más de 20 años, edad más que suficiente para jubilarlo.

Una cosa es pensarlo. Ejecutarlo es algo muy diferente. Se requiere decisión y valor. Hasta que llegó el día en que emprendí la desocupación de un cajón. Uno de cuatro. Bueno, ya era un comienzo. Lo más difícil fue encontrarle lugar a las cosas que todavía eran útiles que, para ser sincera, no llegaban ni al 5% del contenido del cajón. Un domingo, un cajón.

Al siguiente domingo, otro cajón. Casi todo estaba lleno de fotos. Algunas pasaron a tener vida digital. No todas, son años de años de imágenes. Y eso que no soy de las personas que toman fotos a cada paso de su vida. Aun así, eran muchas.

Otro domingo, otro cajón. Creo que el impulso me hizo terminar con todo ese mismo día. Lo último fue encontrarle sitio a los libros, muchos de ellos leídos más de dos y tres veces. Fue una buena ocasión para deshacerme de cosas que ya no tienen utilidad,  no solamente porque no me sirven, sino porque en este contexto actual no tiene sentido conservarlos.

Las montañas de papeles a descartar que se formaron en esos domingos fue realmente enorme. Como para pensar cuántas cosas son realmente valiosas.

Una vez vacío el librero con escritorio, fue muy fácil sacarlo de donde estuvo instalado 20 años. Quedó listo para serle útil a otra persona, que quizá lo va a llenar con imágenes de su presente cuando ya sea pasado y que lo hará recorrer muchos episodios buenos y de los otros.

Tomará tiempo acostumbrarse a la nueva disposición de los muebles, el espacio que quedó libre fue rápidamente ocupado por otras cosas. Todo listo para escribir una nueva historia.

Acá va la quinta foto, a la que he llamado espejo de agua.

lunes, 28 de julio de 2014

Amores perros

Era día de inauguración del Mundial de Fútbol Brasil 2014. Se había acabado el primer partido del campeonato, con victoria del país anfitrión.

Tenía algunos asuntos que hacer, y como todos eran bastante cerca unos de otros, decidí ir y volver caminando. Todavía era de día, no eran ni las 5:00 p.m. Las calles estaban vacías, seguro todos estaban más interesados en ver el partido que estar en la calle. Un país tan futbolero como el Perú, que no ve a su selección en un mundial desde 1982, se las arregla para alentar equipos, camisetas y colores ajenos como si fueran propias. Será la magia del fútbol.

Terminé lo que tenía que hacer y emprendí el regreso a la casa. Caminaba tranquilamente por la avenida Larco, cuando al cabo de una cuadra de recorrido, noté que un perrito caminaba a mi lado. No era un perro callejero, no, qué va. Se notaba que era una mascota querida y especial. Iba vestido con la camiseta verde y amarilla característica de la selección brasileña de fútbol.

Al comienzo, no le hice mayor caso. Simplemente me pareció gracioso verlo vestido así, con paso tan decidido, muy seguro de la ruta que debía tomar. Su dueño iba pasos más atrás, pero no parecía muy preocupado de cuidar a su mascota.

Llegamos al primer semáforo, la luz estaba en rojo. Me paré a esperar el cambio de luz a verde. El perro también se paró. Lo que llamó mi atención fue que el perro se pegó a mi lado, como si me conociera. No le di mayor importancia, pensé que era algo casual.

Avanzamos unas cuadras con el perro a mi costado, y llegamos a una nueva luz de semáforo que otra vez tocó en rojo. Cambió la luz y retomé la marcha. El perro también. Me di cuenta de que casi parecía que era mi perro.

La gente me sonreía, era evidente que las simpatías las despertaba el can. Debe haber sido un espectáculo singular, yo caminando al lado de un perro, aparentemente mío, elegantemente vestido con una camiseta verdeamarela que ostentaba el número 10 muy visible en su lomo, al mismo ritmo, a la misma velocidad, como si fuera una rutina estudiada y practicada durante años.

Así caminamos las casi diez cuadras de mi recorrido. Ya iba a llegar a la esquina donde debía voltear, faltaba poco para que la magia se acabara. Volteé a mirar al dueño, le dije que tenía un perro increíble. Su respuesta fue una enorme sonrisa.

Desvié mi camino, ellos siguieron de largo. Di unos pocos pasos hacia adelante, pero retrocedí para darles una última mirada. Que par tan especial formaban. Los vi alejarse hasta que cruzaron la pista y se perdieron de vista.

Mucha gente recordará ese día de inauguración mundialista por detalles relativos al partido. Yo lo recordaré como el día que el perro de un extraño decidió que yo sería buena compañía para un recorrido en una calle miraflorina, una tarde cualquiera de otoño.

Cuarta semana
Acá la foto de la cuarta semana, del desafío de doce fotos, una por cada semana del invierno.
Océano Pacífico, visto desde el Malecón de Miraflores