domingo, 15 de mayo de 2016

El mundo en un plato de comida

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Hace varios años publiqué la entrada titulada "Culinaria internacional", que fue posible gracias a la colaboración de muchos amigos y lectores que contaron cuál era la comida que más les gusta del país en que viven. Algunas referencias ya no son correctas, pero lo transcribo tal como salió publicado originalmente. Creo que vale la pena recordarlo.
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Más de una vez me han preguntado cuál es el plato típico peruano que me gusta, más ahora que la gastronomía peruana está, por fin, encontrando su lugar dentro de la culinaria internacional. Puedo nombrar varios platos, y todos serían una buena elección, pero definitivamente me quedo con el tacacho con cecina. Es una delicia típica de nuestra selva peruana, hecha de plátano verde cocido y cecina de chancho, la carne de chancho más deliciosa que he probado en mi vida.
Creo que vale la pena aclarar que en la selva hay muchísimas variedades de plátano, y prácticamente cada una tiene un nombre diferente. Por ejemplo, el plátano que se come como fruta y que en Lima se llama simplemente plátano, por allá es conocido como guineo. Por eso es importante aclarar que la base del tacacho con cecina es el plátano verde.

Tal como hice hace algunos meses con las ciudades en la que viven diferentes amigos, esta vez la pregunta fue: ¿cuál es tu comida favorita del país en que vives? Acá las respuestas... y más vale no leer lo que sigue con el estómago vacío.

Hilda fue la primera en responder, con enlaces incluidos, y es evidente que no le fue fácil decidirse por una sola opción. Amablemente, proporcionó los enlaces que ven a continuación.
Mi comida favorita de México, es difícil hablar de un solo platillo, creo que México al igual que muchos otros países es rico en gastronomía. Pienso en lo que me gusta comer y pienso en aquellos días de fiesta donde nos reunimos todos alrededor de un rico mole picosito, de todos sabores sea en forma de enchiladas o acompañado de pollo o de guajolote. Y si el mole va acompañado de arroz que mejor. Claro que ese arroz también puede ir acompañado de unos tacos de barbacoa con cebollita picada en cuadros, cilantro y salsa. Pero sí es navidad, nos atracamos de romeritos. En vigilia nos atracamos de pescado en todas sus variedades (empanizado, a la plancha...) o un rico coctel de pulpo y camarones que comemos con aguacate y galletas saladas. En la noche nos comemos tacos de todos los sabores o unas ricas quesadillas de queso, huitlacoche, flor de calabaza... Una rica sopa de tortilla o un pozole. en tiempos patrios. De postre una rica rosca de reyes o un pan de muerto, según sea la ocasión, eso sí, acompañado de un chocolatito o un buen café. O si hace calorcito un rico helado de pistache, vainilla... En fin... eso tan solo es lo que se me viene a la mente y de escribirlo se me hace agua la boca...
Curiosamente, uno de los sabores de helado que más me gusta es el de pistache. Tenemos la promesa pendiente de compartir uno el día que nos conozcamos personalmente.
Katia, desde Argentina, lo tuvo un poco más fácil, aunque contiene un cierto toque de inevitable nostalgia por lo nuestro:
Personalmente mi comida preferida creo que sería un buen bife de chorizo jugoso a la parrilla, acompañado de papas fritas y ensalada verde. También disfruto mucho la calidad y gran variedad de cremas de leche, quesos y fiambres que están al alcance de todos. Hay una variedad mas amplia de empanadas, mis preferidas son la caprese, cebolla/queso y roquefort, pero en empanadas de carne vuelvo a quedarme con las nuestras, principalmente por el tipo de masa, que es suave, arenosa, deliciosa y extraño tanto. Y por supuesto ¡¡los vinos!!... sobre todo el Malbec, mi favorito lejos.
Amila, traductora bosnia que vive en Dinamarca desde los años noventa, nos cuenta de sus platos favoritos, tanto de su tierra natal como de su país adoptivo:
Mi plato bosnio favorito se llama "zeljanica". Es una masa rellena con espinaca mezclada con cebollas y huevos. Es algo complicado de hacer y requiere una harina muy fina para poder estirar la masa a través de la mesa hasta que tenga el grosor de un papel. Después se pone el relleno de espinaca a lo largo de un lado, y todo se enrolla y se mete al horno (lo explico muy mal, pero estoy segura de que una búsqueda en Google lo explicará un poco más). Siempre me han gustado las que tienen la masa más gruesa y que no esté sobrecargada de espinacas, por lo que son un poquito duras. La manera común de comerlo es con un vaso de yogurt. Hasta ahora, para mí el sabor de la espinaca con yogurt tiene algo especial, e incluso tomo yogurt con lasaña de espinaca :)
Mi plato danés favorito se llama "brunede kartofler" y en realidad es una guarnición que se come por lo general en Navidad. Son pequeñas papas hervidas y después fritas en mantequilla derretida y azúcar. Si, azúcar. Me impresionó la primera vez que supe que cómo se hacía porque para mí realmente no es convencional ponerle azúcar a la "comida de verdad", es decir, la que no es postre. Pero es sorprendentemente sabroso, si sabes cómo hacerlo. Si se le pone mucha azúcar, lo que es fácil que pase, o si no se derrite bien, sabe terrible. La mantequilla derretida y el azúcar hacen una salsa espesa que cubre todas las papas. Según he visto, el plato se sirve con pato, que lo complementa muy bien según recuerdo.
Desde Kenia, Rossana nos describe lo que más le gusta de la tierra que la acoge desde hace poco más de un año:
Acá hay una carne muy rica, se llama nyama choma, que quiere decir literalmente carne asada. En efecto lo es pero el sabor es delicioso, se siente que la carne está aderezada, condimentada de alguna manera especial. Cuando una pregunta por la receta te dicen que es sólo carne a la parrilla y que sólo tiene sal pero por ahí me han dicho que primero hay que marinarla en jugo de limón al que le echan ajo, semillas de culantro en polvo, palillo, pimentón, una especie de curry que hay acá, sal y ¡quién sabe qué más! Se puede hacer con cualquier clase de carne, generalmente se come de res, de cabra, de cordero, de cerdo es riquísima (pero hay que buscarla en lugares no musulmanes). Lo curioso es que la carne queda muy oscurita -marrón oscuro/negro- pero no amarilla ni rojiza, como se podría pensar por los colores de los condimentos. Se sirve con chapati, que es un pan sin levadura -plano, como tortillas- que es hoy en día típico de Kenya pero de origen indio (la comunidad india acá es enorme y ha ejercido mucha influencia en la cultura). Aquí lo comen con ugali que es una especie de polenta pero hecha con harina de maíz blanco de manera que queda muy blanca y, para mi gusto, tiene sólo la textura de la polenta.
Paula, autora brasileña de Global Voices, residente de Londres, la encontré en el preciso instante en que escribía un post en su blog personal sobre su plato brasileño favorito. Copio acá la parte pertinente de ese post. Para ver la versión completa en inglés, entrar acá:
Coincidentemente, cuando me sentía como una diva cocinera al regresar a casa con mi abarás (aunque solamente estuviera ayudando a la tia Biza), recibí un e-mail de la compañera traductora de Global Voices Gabriela Garcia Calderon Orbe, desde el Perú, que está escribiendo un artículo sobre cocina internacional para su blog. Me pidió que le diera tres o cuatro líneas de mi comida favorita de Brasil. ¡Acá está, Gabriela!
Acarajé y abará son las más populares comidas al paso en mi tierra natal, Salvador, donde se les puede encontrar en cualquier esquina, aunque no es tan fácil de encontrar en otras partes de Brasil y es imposible de encontrar en Londres. Se hacen con la misma base: una masa de frejoles con ojito molito con cebolla y jengibre (kión) y fritos en aceite de palma (en el caso del acarajé) o envueltos en hojas de plátano hervidas y sal (abará). Se sirven con vatapá —una pasta con la textura de mantequilla de maní, hecha de maní, nueces de cajú, leche de coco, langostino ahumado, pan y, de nuevo, aceite de palma— tomates fresco y ensalada dulce de pimienta y langostino. ¡Poca gente la comería sin una fuerte buena pimienta malagueta! El sabor es muy característico, no se parece a nada que yo haya probado, y la comida me da mucha energía. Con mucha influencia de la comida africana, ambos platos se usan como ofrendas en los rituales de candomblé, pero comerlos es una obligación en Salvador, independientemente de la religión, clase social o preferencias de comida que se tengan, o época del año. Cuando estoy en Salvador, lo comería todos los días, y por lo general se encuentra una “baiana” cuyo estilo te gusta y te conviertes en su fiel cliente —o, como dirían algunos— adicto.
AbuFares, mi amigo tartusino que me sorprendió hace poco por medio de su blog, nos cuenta desde Siria sobre su plato favorito:
Wara’ Inab (hojas de parra rellenas) es ciertamente el producto de bandera de la cocina siria tartusina. Es de lejos la entrada más importantantes, ofrecida en ocasiones especiales y que toda la familia en cualquier momento. A todo el mundo le gusta las hojas de parra rellenas frescas y bien preparadas y enrolladas con arroz y carne de cordero picada con una suculenta porción de costillas de carnero y jugosos huesos encima, todo nadando en una salsa de deliciosa grasa, jugo de limón, especias y ajo. Wara’ Inab es un obra de arte culinaria y legítimamente se merece reconocimiento internacional como uno de los logros más significativos de la imaginación humana y determinación al crear un objet d’art comestible.
Más información de este plato en el blog de AbuFares, en este post.

Taras, desde Ucrania, nos indica los platos tradicionales de su país que más le gustan:
Varenyky (masa guisada rellena), holubtsi (rollos de col), holodets (jalea de carne), borshch (sopa de betarraga), deruny (panqueques de papa).
Smachnoho! ¡Disfruten
!
Desde España, Úrsula nos cuenta que lo que más le gusta de la comida española es la paella, y comparte con nosotros el secreto de su sabor:
¡Lo prometido! (Mi plato favorito de la comida española es) la paella de verduras... Es rica, rica, rica.... y saludable...
Me encanta. Es simplemente espectacular. Y lo es más todavía si está hecha con amor.
Ese seria el ingrediente mágico de esta paella. Muchos abrazos.
Mariyah también tuvo doble trabajo, pues tuvo que pensar en sus platos favoritos de su natal Siria y de su segunda patria, Canadá, donde se encuentra actualmente:
Hay toda clase de platos elegantes, pero hay dos pilares básicos de mezza siria (o incluso del Medio Oriente) de los que nunca me canso: taboulleh y labneh. Taboulleh es una deliciosa ensalada de perejil mezclado con menta, cebolla, aceite de oliva, jugo de limón y bulghur. Es de lo más colorido, así como sabroso. Labneh es un queso suave hecho de yogurt y por lo general se sirve con aceite de oliva salpicado, un poco de menta y una pizca de sal. El taboulleh y el labneh se pueden comer con pan pita (un pan plano) - preferiblemente caliente.
Es un poco difícil definir la "cocina" canadiense. Mucha de la comida acá ha sido adoptada de los países de los pueblos que inmigraron. Sin embargo, uno de mis favoritos y que nunca había probado hasta que llegué es choclo. Agosto es el mes en que está disponible por todas partes y se asan choclos para celebrar. El maíz se cubre con mantequilla y sal, y se come directamente de su mazorca. Puede hervirse o asarse en una parrilla. ¡Es delicioso! No creo que sea un plato limitado a Canadá, pero a los canadienses les encanta!
Mariyah nos habla de un viejo y delicioso conocido para los peruanos: el choclo, que junto con una buena palta, puede acompañar y realzar el sabor de cualquier comida.

Ha sido un delicioso recorrido por las especialidades culinarias de países bastante diversos. Gracias a los que colaboraron conmigo en este post. Y a todos, bon appétit!

jueves, 5 de mayo de 2016

Ciudadana de Tuiteristán

Logo de Twitter
Hace algunos años escribí una entrada muy burlona sobre Twitter a la que titulé Tuiteristán, cuyo texto terminaba diciendo:
En lo que a mí respecta, no me provoca mucho la idea de conocer Tuiteristán. Creo que no cambiaré de idea, a pesar de lo fácil y barato que parece ser llegar hasta allá.
Desde esa publicación han pasado más de cuatro años. En ese tiempo, he cambiado de opinión sobre algunas cosas. Y Twitter es una de las cosas sobre las que he cambiado de opinión.

En estos años he aprendido a apreciar el valor de esta red de microblogueo. Ahora puedo decir con toda seguridad que no es solamente un lugar donde los "tuiteristaníes hablan todo el tiempo, y no les importa si los escuchan o no". La gente ahí se escucha sin problemas.

Claro, a veces hay trinos que no reciben respuesta, por lo que se debe entender que pasaron desapercibidos o que a nadie le importó lo que decían. Ya el siguiente conseguirá mayor atención o mayor efecto entre los demás usuarios.

Puede parecer que 140 caracteres son insuficientes para expresar pensamientos enteros, pero no es así. Es otra cosa que Twitter me ha enseñado, no se necesitan muchos caracteres para dar a conocer lo que pensamos, para dar un mensaje de aliento a un amigo que lo está pasando mal o para mandar felicitaciones a alguien que he tenido un logro importante.

Twitter acorta distancias, no cabe duda.

Eso sí, sobre el libro de caras inventado por el señor Montaña de Azúcar, mi opinión sigue siendo la misma de siempre.

martes, 26 de abril de 2016

Lady Lady vive en Miraflores

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Lady Lady Lady se pinta los ojos de azul
aunque hace mil años que dejó atrás su juventud
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No sé si tiene mil años, pero sí creo que debe llevar mil historias a cuestas. Desde que empecé a verla caminar por las calles de Miraflores hace ya algunos años me hizo pensar en esa canción de los años 80 del grupo español Bravo.

Camina siempre apurada, con un sombrero de paja y no con pamela gris. Los ojos los tiene pintados de un azul muy oscuro, muy vistoso, acompañados de unas pestañas negras exageradamente largas y gruesas. Su ropa es de colores vistosos, es imposible no distinguirla a una cuadra de distancia.

Va siempre sola.

Me la he cruzado más de una vez por las calles miraflorinas. Recuerdo la primera vez que la oí hablar: fue un día de verano que entré a un autoservicio que está a varias cuadras de mi casa. Lady Lady hablaba con el encargado de seguridad de la tienda, en verdad, ella hablaba bastante airadamente y el hombre la escuchaba silenciosamente, con expresión de benevolencia.

Cuando estuve lo suficientemente cerca, logré escuchar lo que decía. La mujer reclamaba que el volumen de la música ambiental del lugar estaba muy alto, que casi no la dejaba pensar, que era un fastidio comprar así. En ese momento me percaté, no tenía ninguna bolsa en la mano. Se iba sin comprar, tal vez por el ruido del que tanto se quejaba.

Algunos días después, volví a distinguir el sombrero de paja. Esta vez estaba en el mostrador de atención el cliente de la misma tienda. Solamente para escuchar de qué se trataba esa vez, me acerqué hacia donde estaba. Su nuevo reclamo era contra una vendedora, no logré escuchar de qué sección. Se quejaba de que no la habían atendido debidamente. Que cuando le estaba haciendo una pregunta, la vendedora se dio la vuelta y se fue, sin contestarle.

La encargada de atención al cliente la escuchaba con la misma cara de benevolencia que días antes tenía el encargado de seguridad. La misma paciencia silenciosa que seguramente tienen hacia ella todas las personas que trabajan en ese autoservicio.

Varias veces la he visto caminar por la calle mayor de Miraflores, siempre sola, siempre con los ojos exageradamente pintados de azul, con las pestañas irrealmente largas y negras, con su sombrero, con su ropa de colores vistosos que se divisa a varios metros de distancia. Siempre caminando apurada.

Siempre sola.

No puedo saber si su historia es similar a la Lady Lady de la canción que me hace recordar cada vez que la veo. Tampoco sé si comparte la soledad infinita de Penélope y su banco de pino verde, o con la loca del muelle de San Blas que llevaba el mismo eterno vestido para que el amado no se fuera a equivocar.

Pero ahí va, siempre apurada, siempre con ropa de colores vistosos.

Siempre sola.

Acá un video de "Lady Lady" del grupo Bravo:

lunes, 18 de abril de 2016

Poder que embriaga

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El incidente que narro a continuación ocurrió la semana pasada. Fui testigo involuntario de todo.

Caminaba por la avenida Larco, eran más o menos las tres de la tarde. No es una hora de mucha afluencia ni de autos ni de personas. Aun así, en los paraderos del inefable Corredor Azul ya había una fila de gente esperando que llegara el siguiente bus.

El bus apareció, la gente comenzó a subir ordenadamente. Cumpliendo con el procedimiento debido, a sus paso, todos entregaban al chofer el monto del pasaje. El chofer les daba a cambio el respectivo boleto.

La última persona de la fila estaba subiendo cuando detrás de mí oí unos pasos apresurados. Alcancé a ver que una señora venía corriendo tan rápido como podía, con la intención de subirse a ese bus azul que estaba relativamente vacío. En realidad, no estaba ni a la mitad de su capacidad, todos los pasajeros estaban sentados.

La mujer alcanzó la puerta del bus que seguía abierta y cuando levantó una pierna para subir, el chofer le cerró la puerta en la cara y empezó a avanzar. Fue una acción muy dura y humillante por parte del chofer.

El bus avanzó un trecho bastante corto y tuvo que parar porque le alcanzó un semáforo con la luz roja. La mujer logró alcanzarlo, tocó la puerta y con gestos el chofer le dijo que no podía abrir la puerta "porque ese no era un paradero"... a menos de 20 metros de distancia del paradero donde prácticamente había echado a la mujer del bus.

Ella le reclamó airadamente a gritos: "¡¡¡pero si me ha cerrado la puerta en la cara en el paradero!!!", justo cuando el semáforo cambiaba de rojo a verde. El chofer arrancó el bus y por segunda vez dejó plantada a la mujer en la vereda. Con la idea de denunciarlo, quise tomar nota de su placa o de algún número que lo identificara, pero no me dio tiempo.

Sentí rabia por el maltrato hacia esta mujer del que había sido testigo de excepción. Después empecé a pensar en que este chofer había actuado así desde el sitial del poder que le da decidir si frena y abre su puerta o no para que suban los pasajeros que tienen prisa por ir a algún lado. A veces he visto choferes que no se detienen en donde deben hacerlo, sino algo más adelante, con lo que dejan bajar a los que están dentro de bus, pero no dejan subir a los que están en la calle. Y no hablo de buses llenos, sino de vehículos con suficiente espacio para acoger a esas personas, y hasta más.

Si así se porta un chofer de bus, cuya cuota de poder puede o no alta, según la perspectiva, solamente puedo imaginar cómo embriaga el poder absoluto. Así fue que recordé una frase de la película V de Vendetta: "El pueblo no debería temer a sus gobernantes, los gobernantes deberían temer al pueblo".